Capítulo 1: Angola (Luanda)
Nos fuimos a conocer es una de las cosas que hemos creado juntos como pareja. Es una colección de recuerdos que veremos con los años y, de seguro, en algún momento nos diremos: cuánto hemos recorrido, amor.
Nuestro primer viaje documentado fue a Luanda y, si bien Michel había vivido por varios años ahí, para mí fue algo totalmente nuevo. Desde niña siempre soñé con ir a África, ese era mi sueño: ir al continente de donde seguro salieron mis antepasados. Esperaba algún tipo de conexión, sentir algo relevante… ¿qué sucedería si muchas generaciones después regresáramos a África?
Y la verdad es que no lo sentí así. Quizás no fue Angola el lugar que me conectara con eso que esperaba sentir. Sí fue hermoso, porque Luanda es hermosa, pero las diferencias sociales y los niños en la calle fue algo que me tocó profundamente.
Me encantó la comida, ahí probé la piña más dulce que jamás había probado, y los platos de origen angolano llenaron mis sentidos.
Más allá de conocer Luanda, este viaje nos marcó. Viajamos en plena pandemia y, por primera vez, a otro país juntos. Vivimos la experiencia de maneras diferentes: yo como la turista que quiere ver cómo funciona la vida ahí, él con la nostalgia de lo que fue su hogar.
¿Sabes que se pueden amar los silencios? Los silencios nos conectan y nos sacan suspiros. Cerrar los ojos y respirar los silencios es una de las cosas más valiosas. Tengo la firme creencia de que un silencio puede sanar. Fue Luanda la que me hizo sentir el silencio que más gritó en mi alma.
A veces viajamos buscando respuestas… y encontramos preguntas que nos transforman más.
Capítulo 2: Brasil (Río de Janeiro)
¿Sabes lo que es cerrar los ojos, abrirlos con la mente en blanco y mirar a tu alrededor? Y como en cámara lenta ver pieles negras danzando, vestidos elegantemente, con trenzas estruendosas, y cantar al unísono una melodía que hacía mover mis pies de una manera descontrolada… y de pronto no saber dónde estábamos.
¿Estamos en Cuba? Pero no… se escuchaba un portugués perfecto, y esa sonora lengua fue la que nos hizo despertar del ensueño para entrar en otro sueño hecho realidad. Simplemente estábamos en Río de Janeiro, alrededor de una rueda de samba, con amigos entrañables que hicieron nuestra estancia en Río muy feliz.
Pues sí, nos fuimos a conocer Río… y fue una experiencia grandiosa. El abrazo de una de las amigas que la vida me regaló y que, sin quererlo, ha estado en momentos claves de mi vida: cuando era muy joven en La Habana, cuando migré a Uruguay, cuando fui a conocer Río. Hay personas que son testigos silenciosos de nuestra vida y su sola presencia nos apoya y nos llena de aprecio.
Brasil es bello. Salimos de una novela que veíamos en Cuba de adolescentes y nos adentramos en su realidad, en sus playas, en su gente tan alegre como nosotros. Como nosotros, que venimos del sol, de las carcajadas ruidosas, de la luna grande y de las estrellas que pueblan, de una manera trascendental, un inmenso cielo.
En Brasil, por primera vez volamos. Y sí, volamos desde 500 metros en ala delta, y probablemente eso sea lo más loco que hemos hecho. Hay sensaciones que debemos experimentar para entender que somos libres, que somos valientes, que somos fuertes y que nuestros anhelos pueden hacerse realidad. Volamos con desconocidos que en 10 minutos nos hicieron sentir empoderados y capaces de sobrepasar cada uno de nuestros límites.
Volar no es algo sencillo. Pregúntale a las aves bebés, que sus madres las obligan a caer para que aprendan a vivir. Volar requiere coraje. Sentirse ir al vacío con fe no es algo que haga cualquiera. Nunca sabemos qué hay un segundo después, pero cuando decidimos ir, la aventura nos retribuye con vida.
La vida empieza justo en el momento en que decides saltar.
Capítulo 3: Argentina (Buenos Aires)
Nos fuimos a conocer por primera vez Argentina y elegimos Buenos Aires. Buenos Aires nos hizo mirar hacia arriba y sentirnos protagonistas de una película donde, por mucho rato, fuimos parte de los años 50, 60, de los 70 y 2000 también . Dejamos que la historia nos envolviera.
Un día en Buenos Aires se convirtió en una reflexión para la vida: que no haciendo nada, hacemos todo. Porque la vida necesita de sentirnos, amar, apreciar y ser románticos.
¿Quién puede no ser romántico en el piso 25 de un skybar? ¿Quién no puede estar en Buenos Aires y en Cuba al mismo tiempo, en la Casa del Habano?
Comer, sentir, amar, reír, llorar, extrañar, comparar, ser, crecer… todo eso hacemos cuando nos vamos a conocer.
A veces no hacer nada… es exactamente lo que el alma necesita para recordarse.
Capítulo 4: Chile
Un día, sentados en la sala, con cuerpos sedientos de aventuras, él dijo:
—Vamos a Chile.
—¿A Chile? ¿A Alto Chile? —pregunté yo—.
¿Crees que nos sorprenderá?
Y fue cuando más me quedé con la boca abierta. Hay historias que, para entenderlas, hay que tocarlas con las manos. Hay paisajes que, por más que te los expliquen, para conocerlos deben ser apreciados por nuestros propios ojos. Por más que te diga que la sopa de cebolla, si la pruebas, vas a querer más, no me creerás hasta que un sorbo de ella no llegue a tu boca.
La cordillera de los Andes nos hizo volver a la clase de geografía de sexto grado y, por más que mi profesora hablara de dimensiones, climas y texturas, nunca hubiéramos imaginado que esa majestuosa cordillera estaba tan presente en Santiago de Chile, y menos aún que desde Mendoza, en Argentina, también la íbamos a poder admirar.
Chile nos llevó a historias del neoliberalismo, a la casa de Neruda. ¿Cómo no iba a escribir tan bellamente con esa vista hermosa de su casa en Valparaíso? Cielo celeste, casas en todos los niveles que se divisaban desde su patio en una hermosa colina. Aire que acaricia la piel lentamente y susurra poemas, canciones y danzas.
Hay lugares que no se explican… se sienten.
Capítulo 5: Cuba (Regresar)
Después volvimos a Cuba, no a conocer, sino a recordar. Fuimos a Cuba juntos después de 5 años sin que Cuba sintiera nuestro amor, después de 5 años en que Cuba guardara nuestras memorias en ese espacio más intrincado de su corazón.
Centro Habana tiene nuestra historia y Belascoaín nos hizo, sostenidos de las manos, reafirmar que el amor verdadero puede tintinear, pero jamás apagarse. Lloré frente a Carlos III y él secó mis lágrimas. Porque lo vivido quedó en el aire y los objetos que podían ayudar a la memoria a no olvidar ya no existían.
A propósito, nos besamos en Reina, y nos volvimos a besar en Sanja, y también en Nueva del Pilar y Clavel, para que esta vez las calles guardaran la memoria de nuestros besos con placer.
Volver no siempre es regresar… a veces es reconciliarte con lo que fuiste.
Capítulo 6: Estados Unidos (Nueva York y Miami)
Nos fuimos a conocer Estados Unidos y Nueva York voló lo que era conocido como arquitectura en nuestras cabezas.
—¿Pueden haber edificios tan altos?
—¿Quién los construyó?
—¿Por qué lo hizo?
— ¿Esas personas tenían hijos y querían dejarles un majestuoso legado, o algo fue regalo para el amor?
Tres días duró la admiración y después volamos a la segunda Cuba del mundo. Y otra vez lloré. Miami me hizo sentir a Cuba, me hizo sentir la migración y lo que se puede construir aun cuando el hogar se convierte en el corazón.
Abrazamos a amigos de tantos años, acariciamos el paso del tiempo por nuestras vidas, apreciamos que, a veces, aunque ya no podamos ser los mismos, el cariño sincero es eterno.
Nos fuimos a conocer nos llena de eso… de eso que nos hace grandes, abiertos de mente, capaces de aceptar las diferencias, las risas desconocidas y también ver la tristeza.
Capítulo 7: Uruguay
Al final, aquí o allá, seguimos siendo exactamente lo mismo en cada lugar que hemos ido a conocer. Todos comemos, todos lloramos, todos somos imperfectamente perfectos.
Cuando decidimos conocer Uruguay, no sabíamos que se convertiría en esto que es hoy: la cuna de los nuevos sueños, el hospedaje de nuevos amigos.
En Uruguay conocimos por primera vez que juntos podemos crear un hogar, con nuestra verdad, con nuestra alegría, con lo que somos. Uruguay nos hizo apreciar una taza de té, sostenida con ambas manos en la ventana, mientras su pie acariciaba mi pie.
Uruguay es testigo de las nostalgias, de lo que provoca no estar aun cuando estamos en cuerpo y alma. Uruguay nos ha llevado a conocernos en modo supervivencia, porque hay quienes deben aprender a sobrevivir la soledad.
Nos fuimos a conocer tiene magia, tiene futuro, tiene silencios como en Luanda, tiene abrazos y tiene admiración.
Nos fuimos a conocer… sin saber que el destino final siempre fuimos nosotros.
Nos fuimos a conocer nos llena el alma…
¿podrá acaso llenar la tuya también?
