Esa noche

Bajo el manto de la noche,

tras una espera extensa,

hablaron los cuerpos,

 resonaron las esencias.

 

 Las almas, ansiosas,

se buscaban con fervor,

desatando una avalancha de besos con ardor.

 

El deseo danzaba en la piel,

rozando suave,

 Bocas sedientas buscaban el agua que las alabe.

En un juego lujurioso,

el roce hacía delirar,

Cuerpos entrelazados dejándose llevar.

Su mano exploró el gozo,

 como pincel en lienzo,

Dedos alocados como artistas intensos.

 

Locura después de tanto,

 ¿cómo pudo suceder?

 El tiempo, fugaz, se entregó al placer.

Rugieron los cuerpos,

gemidos en el aire,

Un orgasmo ahogó el ser,

 un deleite sin reparación.

 Cuerpos retorcidos,

danza en la penumbra.

 

 Estalló el amor, una explosión que deslumbra.

En la oscuridad,

una voz susurró con calma,

 «Te extrañé».

 

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