En el año 2022 fui a Luanda, una ciudad que cautivó mi corazón desde el primer minuto, el
silencio en el ruido, los contraste entre riqueza y pobreza, lo lindo y lo feo, todo coexistiendo en el mismo espacio es una exageración para los sentidos.
Te preguntas mil cosas y sin quererlo recuerdas hasta tus ancestros, yo que soy negra y siempre tenía esas ganas de ir al continente de donde salieron alguna vez mis ancestros.
Luanda está llena de sabores que desbordan el placer y ese sol tan grande, anaranjado e intenso, ese mar tan azul. La tensión por lo nuevo y desconocido.
En el lugar dónde me quedé tenía este personaje, Casimiro, fue imposible no mirarlo, no ver su día a día de un lado a otro en su lucha para comer. En una mañana lluviosa y viéndolo moverse de un lado a otro escribí las líneas de este cuento, que con mucho amor te comparto.
Casimiro el digno
Casimiro vive en Luanda, un lugar donde la vida le ha enseñado a trabajar duro desde que era un niño. Nació en la pobreza y para ganarse el pan de cada día, tiene que esforzarse mucho. A menudo realiza mandados para sus vecinos, incluso caminando kilómetros descalzo bajo un sol abrasador que parece exprimir hasta la última gota de agua de su cuerpo.
A pesar de las dificultades, Casimiro es amado por todos en su comunidad. ¡Su espíritu especial se manifiesta todas las mañanas cuando comienza su jornada saludando alegremente con un “Bom dia!” “Como esta voce”. Siempre está dispuesto a ayudar a los ancianos que cargan con pesadas cargas, ofreciendo su ayuda sin dudarlo.
Una de las cosas más notables de Casimiro es su sinceridad. Siempre responde con la verdad y lo hace con una sonrisa en el rostro, sin importar las circunstancias.
Un día, una lluvia torrencial azotó Luanda, convirtiendo las calles en ríos temporales y oscureciendo el cielo por completo. Cuando la lluvia cesó y la gente comenzó a salir a la calle, Casimiro notó a un niño en una esquina de Maianga. El niño pedía dinero a quienes salían del mercado y lo guardaba en su bolsa.
Casimiro se acercó al niño y, con dulzura, pero firmeza, lo tomó del brazo. Le dijo: «Soy tu tío, ¿no ves cuánto trabajo duro? ¿Por qué pides dinero que no proviene de tu esfuerzo? Debes
aprender que lo que tengas se disfruta mucho más cuando lo ganas con tus propias manos«.
Con esas palabras, Casimiro no solo ayudó al niño a comprender la importancia del esfuerzo y el trabajo honrado, sino también le brindó una lección valiosa sobre la dignidad y el orgullo de ganarse la vida con honestidad.
La comunidad admiraba a Casimiro no solo por su trabajo arduo y su amabilidad, sino también por su capacidad para transmitir lecciones de vida que trascendían las palabras.
Fue Luanda el lugar que nos inspiró a mi esposo y a mí a hacer nuestro canal de viajes “Nos fuimos a conocer” y te dejo el video que hicimos de la visita a este país tan grande que nos quedamos con ganas de conocer más.
