Hay quienes dicen que viajar te abre la mente. Con el tiempo he podido ver esa realidad: entender que lo que es correcto y lógico para mí, para otros es inaceptable. No se trata de cultura o de aceptación, se trata de costumbres, de cómo cada civilización ha interpretado el vivir.
Hay quienes llegan a un lugar queriendo ser como ha sido, y resulta raro, porque hay discursos de autoaceptación que dicen: sé como eres. Pero, ¿siempre es correcto ser como eres? ¿Es correcto ser como eres sin importar qué? En esta duda prefiero elegir decir: “Cuando estés en Roma, haz como los romanos”. Pero entonces, me vuelvo a preguntar: ¿Es correcto ser como los romanos?
Romper nuestra burbuja de confort nos hace diferentes, porque en la incomodidad de conocer personas nuevas, sabores nuevos, ruidos nuevos, colores nuevos… todo eso hace que ya no podamos volver a pensar de la misma manera.
¿Has hablado alguna vez con una persona que ha viajado mucho? Conozco a muchas personas así… en especial a alguien que ama comer y contar. No todos tienen el don de contar cuentos.
El que cuenta cuentos es un observador de pequeños detalles, es un hilador de palabras bien dichas. Y mejor aún, es un maestro de encantar gentes.
Imagina el escenario perfecto de este cuentacuentos: una mesa acogedora de comedor, de ocho sillas, porque es el padre de una familia numerosa. En el centro de la mesa hay un búcaro blanco transparente con ocho bambús de la suerte; él aseguraba que en China esa era la puerta a la prosperidad, el éxito y la felicidad. La mesa era de madera fuerte y colores matizados, todos en un perfecto tono beige. Y su increíble pared era una colección de historia universal. La luna inmensa cayendo sobre el mar en una noche de verano. Podía ser cualquier luna, pero él afirmaba que esa luna la vio en el Desierto de Atacama. Un sol radiante cayendo sobre un barco que llevaba a un marinero mirando a la nada. Te soy sincera, he visto barcos hermosos con un sol igual de radiante, lo he visto hasta en mis sueños, pero el tío aseguraba que esa imagen era un atardecer en Santorini.
El tío encendía su tabaco Romeo y Julieta porque aseguraba que, de todos los probados, ese era el mejor: por grosor, textura y su propio placer. Las bocanadas de aire se combinaban de manera perfecta con mil y una historias. Solo los conocedores del mundo pueden contar tanto.
La adaptación está sobrevalorada, y esto es algo que aprendes cuando vives en entornos tan distintos: cambiar el acento de tanto escuchar melodías sonoras, probar echar más pimienta porque, según ellos, la comida sabe mejor. No dormir el primer día porque no es tu cama; dormir poquito el segundo día porque aún el colchón no está lo suficientemente blando para tu cuerpo. Pero al tercer día, se apaga cualquier tormenta y, quieras o no, los ojos se cierran, el cuerpo descansa feliz, se esboza una sonrisa y simplemente te rindes y duermes. Entonces comprendes que te has adaptado a tu nueva cama.
Para ir al Tigre, en Argentina, tomé un tren desde Buenos Aires. Era un tren grande y, a su paso, veía las ciudades pasar: ciudades completas, con su aire, su gente, su vibra, su risa y su pesar. De pronto, una voz anciana me despertó de mi meditación en movimiento:
—Niña, ¿a dónde vas?
—Al Tigre, señora.
—¿Eres turista?
—Sí, lo soy.
—Sabes, yo también fui turista una vez.
—¿Aquí?
—Sí, aquí.
—¿Y ya no lo eres?
—No, ya no soy turista nunca más. Pero, de alguna manera me siento de aquí.
—¿Y de dónde eras?
—De Italia —respondió.
—¿Se puede dejar de ser de Italia? —pregunté.
La señora, con expresión seria y con cada línea del mapa de su rostro agudizada, me respondió:
—Yo no soy de aquí ni de allá.
La mente se abre porque además entiendes que, en realidad, no estás tan mal. Siempre hay alguien peor, alguien con menos, alguien ausente. Literalmente se rompe el mito de que tú y tus vivencias son el centro, porque en la vida hay muchos centros, y estos dependen del ojo con que los mires.
¿Este pedacito de Chile lo puedo poner en mi esquina?
¿Este banco de Central Park lo puedo tener en el parque donde voy a pensar?
¿Esta brisa de Varadero la puedo traer a la rambla?
Son preguntas que haríamos si no entendiéramos que ese pedacito donde mejor se ajusta es a Chile; que ese banco, donde es más hermoso, es ahí, en medio de Central Park, al lado del carrito de hot dogs; y que esa brisa no se sentiría igual si su hábitat no fuera Varadero.

Wow adoré! Tan real y tan aplicable a tantos aspectos de la vida! Coincido contigo! Siempre digo que las cosas no son solo blancas y negras, que tienen colores y muchos matices. Pienso que debemos ser quien somos, sí, pero que también debemos permanecer en constante cambio, porque siempre hay algo que mejorar, algo que aprender, algo que disfrutar desde otra perspectiva que a lo mejor ni siquiera sabíamos que existía. 🌜🛥️🚄