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La llegada

«Brenda! ¡Brenda! ¡Oh, Lucía, ya estás aquí!» exclama emocionada mientras se abrazan con fuerza. Brenda, susurrando al oído de Lucía, le dice: «Amiga, te extrañé. ¿Cómo estás?» Lucía, con los ojos cerrados y sumida en un profundo abrazo, responde: «Amiga linda, yo también. Te amo mucho.» Sin previo aviso, Laritza llega y se forma un abrazo de tres, sacudiendo a sus amigas mientras les dice: «No puedo creerlo, llegó el día. Estaba esperando este momento. Ya tocaba nuestro momento de expansión.»

Lucía, acariciando la cara de Laritza, le pregunta por Michi y Vida, sus niños. Laritza, con una hermosa sonrisa, saca el celular y cuidadosamente muestra una foto de un niño abrazando a una niña con motonetas grandes, ambos con hermosos ojos marrones. Brenda comenta: «Laritza, ¿y Evaristo?» Laritza desliza el dedo a la derecha, revelando una foto de un joven musculoso que la abraza sonriente. Con ojos de mujer enamorada, dice: «Él está bien, cuidando a nuestros niños. Ay, amiga, cómo cuesta dejarlos solitos.» Brenda ríe y le responde: «Ay, te crees tan necesaria.» Todas ríen a carcajadas al escuchar la frase.

Al mirar hacia la puerta del hotel, ven entrar a Dalia con un vestido de flores amarillas que cae ligero sobre su piel y arrastrando una maleta verde con letras negras en la tapa que decían «Este es mi viaje». Las amigas abren sus brazos y la reciben en un fuerte abrazo, diciendo: «Llegaste, Sol. Estás hermosa.» Dalia les responde: «Hicieron el check-in, necesito dormir.»

Laritza se voltea hacia Lucía y le comenta: «Cómo crece mi sobrina Lauren.» Lucía, sonriente, responde: «Ya la verás, ahora mismo la llamamos. No es porque sea mi hija, pero tiene mis mejores genes.» Todas sonríen y se dirigen a la recepción del hotel.

Este viaje, que llevaban días planeando, representaba su encuentro bianual en cualquier rincón del mundo que eligieran. Esta vez, Buenos Aires fue la ciudad elegida por su belleza arquitectónica, teatros, boliches, tango y un hermoso puerto. Después de pasar una semana en Argentina, planeaban otra semana en Isla Grande, Brasil, gracias a la sugerencia de Dalia, amante de la naturaleza y el contacto con la madre tierra.

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